domingo, 19 de noviembre de 2017

María Teresa León

Hija del coronel del ejército Angel León y de Olivia Goyri, sobrina de María Goyri esposa de Ramón Menéndez Pidal. En su educación influyeron mucho sus tíos, sobre todo su tía María, una de las primeras mujeres en obtener un doctorado en España.
La infancia de María Teresa transcurre entre Madrid, Barcelona y Burgos.
Estudió en la Institución Libre de Enseñanza y se licenció en Filosofía y Letras, a pesar a pesar de perder el interés por los estudios a los catorce años de edad. Fue expulsada del colegio de monjas y acusada por sus compañeras de leer "libros poco eficientes".

Contrajo matrimonio con tan solo diecisiete años con Gonzalo de Sebastian Alfaro, con quien tuvo dos hijos.

Publicó en el diario de Burgos bajo el seudónimo de Isabel de Inghirami, tiempo más tarde lo haría con su propio nombre.
En 1928 viaja hasta Argentina y al año siguiente publicaría sus primeras obras "Cuentos para soñar" y "La bella del mal amor".
En 1929 conoce a Rafael Alberti, rompe su matrimonio para marcharse con él a Mallorca, en 1932 contraen matrimonio por lo civil.
En su tercer libro una colección de cuentos, titulado "Rosa Fría", Alberti colabora con sus ilustraciones.
La Junta para la Ampliación de Estudios le concede a María Teresa una pensión para que estudiara el movimiento teatral europeo, así comienzan su periplo europeo por Berlín, la Unión Soviética, Dinamarca, Noruega, Bélgica y Holanda.
Esta experiencia la refleja en los artículos que publica en El Heraldo de Madrid en el año 1933.

En 1934 participan en el Primer Congreso de Escritores Soviéticos donde conocen a Máximo Gorki y André Malraux.
Durante la revolución de Asturias de 1934 viajan hasta Estados Unidos para recaudar fondos para los obreros damnificados.

Durante la Guerra Civil se instalan en Madrid, donde María Teresa ejerce el cargo de Secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas, además fundan la revista "El mono azul".

Reflejará sus vivencias en el Madrid de la Guerra Civil en sus obras "Contra viento y marea" y "Juego limpio", esta última con tintes autobiográficos muy duros y dramáticos, narrando el día a día de un grupo de actores.
Fue nombrada subdirectora del Consejo Central del Teatro.

Creó la Asociación de Escritores Antifascistas para proteger las obras de arte, después de que su propia casa fuese requisada por los anarquistas.
A raíz de esta asociación nacerá la Junta de Incautación y Protección de Patrimonio Artístico que se encargaría del traslado de los fondos artísticos del Museo del Prado y del Monasterio del Escorial hasta Valencia.
Entre las obras enviadas a Valencia se encontraban "Las Meninas" y el retrato del "Conde-Duque de Olivares" a caballo, este último llegaría con importantes daños por un embalaje inapropiado, además de 181 dibujos.

Rafael Alberti escribiría su obra "Noche de guerra en el Museo del Prado" basándose en este hecho.
María Teresa participaría en el II Congreso de Escritores Revolucionaros en 1937 que se celebró en Madrid y Valencia.

Fue responsable de "El Teatro de Arte" y posteriormente de "Las Guerrillas del Teatro", puso en marcha diversas empresas a teatrales. Trabajó como dramaturga , como directora de escena e incluso como actriz.
Codirigió "Títeres de Cachiporra" de Federico García Lorca y " La cacatúa verde" de Arthur Schinitzler, dirigió "La tragedia optimista" y participó como actriz en la versión de "Numancia" que realizó Rafael Alberti.

Al final de la guerra y con la derrota republicana tuvieron que exiliarse, primero a Francia donde vivirían hasta 1940, realizaron traducciones para la radio francesa y trabajaron como locutores para las emisiones de América Latina.
Se trasladaron hasta Argentina donde permanecieron veintitrés años y donde nacería su hija Aitana.
Algunos autores consideran que fue allí donde alcanzó la madurez de su prosa.
En 1963 establecieron su residencia en Roma, donde perfila su obra "Memoria de Melancolía".
Junto a Alberti iniciarán de nuevo una serie de viajes por Europa y llegan por primera vez hasta China.

En 1977el matrimonio regresa a España, pero María Teresa viene enferma de Alzheimer por lo que Alberti la ingresa en un sanatorio donde fallecería el 13 de diciembre de 1988.


viernes, 17 de noviembre de 2017

¿Quien soy! EL DESENLACE.

Familiares de Fernando Alcaide González" Luisa y Silvia se han levantado a la vez, al escuchar mi nombre, se han acercado a la enfermera con expectación, quizás esperando el peor de los desenlaces, quizás esperando escuchar buenas noticias.
"Son sus efectos personales, su alianza, su cartera, su teléfono móvil y una bolsa de deporte que había en el coche."
En esa bolsa va esa parte de mí que ninguno conoce, salvo Nacho, él conoce mi secreto desde que éramos estudiantes aunque nunca hemos hablado de ello, él sabe que en esa bolsa guardo todos mis miedos, para transformarme en alguien valiente, desconocido y sin miedo a nada, en esa bolsa está todo aquello que me da seguridad.

Nacho ha llegado en el justo momento en que Luisa iba a coger la bolsa, adelantándose a ella, tal vez quiere mantener mi secreto en secreto y no desvelarlo, pero yo ya no estoy tan seguro, al fin y al cabo en esa bolsa está el motivo de mi huida, "vamos Nacho, cuéntaselo, diles quién soy realmente, diles que esta noche iba a terminar con la gran mentira de mi vida.
Diles que a pesar de todo las quiero, a mi manera pero las quiero, que sí que iba a divorciarme de Luisa, pero también iba a dejar a Luisa, vamos Nacho díselo."

NACHO
Fernando es mi mejor amigo desde que éramos niños, la adolescencia nos unió más que nunca, yo me convertí en su protector en el instituto cuando atormentado por multitud de complejos no era capaz de integrarse, recuerdo aquellas clases de educación física convertidas en un verdadero infierno para alguien que con algún kilo de más era obligado a lucir pantalón corto y saltar obstáculos delante del resto de compañeros.

El soñaba con ser aventurero, pilotar aviones, pero en realidad lo que quería era vivir lejos de su casa, lejos de unos padres con demasiada autoridad sobre él.
Compartimos piso en los años de universidad, aunque no estudios, yo hacía mi sueño realidad, estudiaba periodismo, mientras él hacía realidad el sueño de su padre.

Los miércoles Fernando salía por la tarde temprano de casa con una bolsa de deporte y regresaba los jueves cuando comenzaba a amanecer, nunca me dijo dónde iba, nunca se lo pregunté.

Un miércoles noche, salí a tomar unas copas con algunos compañeros para celebrar el fin de los exámenes parciales, fuimos a varios pubs y terminamos en el único antro que quedaba abierto a ciertas horas de la madrugada, por entonces comenzaban a proliferar bares con cierta mala reputación donde se daban cita transexuales, drags y algún que otro homosexual.
Allí debajo de infinitas capas de maquillaje, plumas de marabú, lentejuelas y sobre unas plataformas de vértigo, me encontré con la mirada de Fernando, aquella noche conocí a Olivia.
Olivia se acercó a mí, me guiñó un ojo y me susurró "ya conoces mi secreto".
Cuando terminó la actuación me levanté de mi asiento y me fui a casa con la sensación y la esperanza que todo lo que había visto era efecto de alguna copa de más.
Llegué a casa esperando que Fernando estuviera en ella y así cerciorarme de que todo lo que había visto había sucedido solo en mi cabeza, pero no estaba, así que me senté en aquel sofá donde había perdido su virginidad con Silvia a esperarlo.
Más tarde de lo habitual Fernando llegó y como cada jueves se duchó, desayunó y se marchó a clase, sin una sola explicación, entonces supe que nunca me la daría.

Nunca hablamos de Olivia, hasta hace unos meses cuando nos encontramos por casualidad en un bar de copas.
Aquel día me dijo que iba a dejarlo todo por ella, que Olivia era su seguridad, quien realmente le hace sentir bien, por lo que había decidido marcharse lejos y comenzar una nueva vida, lejos sin tener que esconderse, sin tener que mentir a nadie aunque fuera escondido bajo capas de maquillaje y vestidos de lentejuelas y subido a unos tacones que le hacen sentir invencible.
En esta bolsa que le he arrebatado a la enfermera, esa misma bolsa que cada miércoles le acompañaba, están sus sueños, sus noches de glamour, en esta bolsa está su vida, esta Olivia, el gran secreto de Fernando y yo tengo que  contárselo a las mujeres de su vida.
Esta noche tengo que abrir la Caja de Pandora, la caja de los truenos, esta noche ellas sabrán quién es Fernando, esta noche tú Fernando, al fin sabrás quién eres.


¿Quién soy!, Capitulo tercero, LUISA Y FERNANDO.

LUISA
Crecí en una familia en armonía, acomodada y llena de amor, mi padre juez de la ciudad siempre soñó con tener un hijo varón, pero mi madre solo pudo darle un hijo y fui yo, una niña que vivía por y para no defraudar a su padre.
Estudié derecho siguiendo los deseos de mi padre. Pero fue en segundo de carrera cuando me di cuenta que realmente me gustaba, así que seguí con mis estudios en la mejor universidad, que gracias a las influencias de mi padre había aceptado mi matriculación, más tarde demostré por méritos propios que no era una niña de papá.

Terminé mis estudios con buena nota lo que no me impediría encontrar un buen despacho donde llevar a cabo mi trabajo o bien tener el mío propio, pero además quería ser esposa y madre.
Entre como pasante en un prestigioso despacho, donde tuve que demostrar que además de llevar el apellido de un ilustre juez era buena en mi trabajo y merecía un puesto como abogada.

No necesite demasiado tiempo para demostrar mi valía, al año era socia de aquel prestigioso bufete y era respetada por todos mis compañeros, lejos quedaba cumplir el sueño de mi padre, ser juez, nunca quise serlo yo quería trabajar como abogada y formar una familia.
Dos años después de nombrarme socia, entró un joven recién licenciado, con ganas de comerse el mundo y complacer a su padre, él era Fernando, lo nombraron mi ayudante, aún recuerdo su primer día.
Era un joven tímido y sin experiencia pero con ganas de aprender, lo que iban a ser unas prácticas de verano, lo llevaron a ser socio en poco más de un año después de su entrada, para entonces me había enamorado de él como una adolescente, entré en su vida cotidiana poco a poco, sin que se diera cuenta, a los pocos meses vivíamos juntos, para poco después casarnos.
Vi en él al marido que anhelaba y al futuro padre de mis hijos, pero no contaba con una tercera persona, ella era Silvia.
Siempre he sabido que eran amantes, que ella era realmente el amor de su vida, que se casó conmigo, tal vez por venganza o quizás esperando a que ella reaccionara y le dijera que no lo hiciera, que ella la quería.

Poco a poco se fueron disipando aquellos deseos de formar una familia junto a él, pero no estaba dispuesta a cederle a mi marido a alguien que lo había dejado ir.

He aguantando sus ausencias durante noches, sus "y yo también"  cuando le digo que le quiero, aunque sé que no lo hace, he soportado sus desplantes cuando quiero hacer el amor con él, al final he aprendido a follar, realmente es lo que hacemos, nos complacemos en un sexo rápido sin darnos cariño, satisfacemos nuestros deseos animales, mientras se que piensa en ella, puedo verlo en su cara, en sus ojos, no me desea, pero me folla como si lo hiciera.
A pesar de todo le quiero, no sé que tiene Fernando pero influye un enorme poder sobre mí, que me impide dejar atrás estos años a su lado, años que no me han llevado a ninguna parte.

Esta mañana mientras desayunábamos me ha pedido el divorcio, supongo que es algo que esperaba, tal vez vaya a casarse con Silvia, quizás quiera comenzar esa vida aventurera que tanto anhela y de la que tantas veces me ha hablado.
Y ahora estoy aquí detrás de una cristalera mirando cómo se debate entre la vida y la muerte, acompañada de Silvia, su eterna Silvia, ella ha tenido el coraje y la valentía para llamarme y decirme lo ocurrido.
Lejos de odiarla por haberme arruinado la vida junto a Fernande, no he podido remediar abrazarme a ella, no sé si por compasión o por miedo. Pero he sentido que su abrazo me ha reconfortado.

"Iba a dejarme Silvia, me ha pedido el divorcio esta mañana."

"Lo sé me lo contó hace algunos días, quería comenzar una nueva vida lejos, quiero que sepas que yo no soy la culpable, me habló de Olivia, no sé quién es, iba a contármelo esta noche, hablaba conmigo cuando ha ocurrido todo, se dirigía a mi casa, como ya sabes nunca ha llegado."

FERNANDO
Cumplí el sueño de mi padre, ser abogado, a mí me hubiera gustado ser piloto de aviones, aventurero, yo quería vivir y ser feliz, pero mi padre se empeñó en que debía seguir la tradición familiar.
Le hice caso así que terminé mi carrera en parte gracias a la ayuda de Silvia, sin ella no lo habría logrado.
Yo prefería pasar horas leyendo revistas sobre aviones en lugar de estar inmerso en los malditos códigos civiles y los apuntes de derecho romano.
Lejos de ser abogado del estado, como quería mi padre, no estaba dispuesto a seguir estudiando algo que no me gustaba, me dediqué a enviar referencias por todos los despachos de abogados de la ciudad, siempre acompañados de una carta de recomendación de mi padre, sin ella en muchos despachos ni siquiera me habrían llamado para la primera entrevista.

El mismo año que terminé mis estudios pase todo el verano en el despacho de un amigo de la familia haciendo prácticas para que fuera familiarizándome con la profesión y tuviera los primeros contactos con la realidad de la abogacía.
Fue ese verano cuando conocí a Luisa, dos años mayor que yo, trabajaba en el despacho, era socia del mismo a pesar de no llegar a los treinta y además era hija de un prestigioso juez de la ciudad.
Me asignaron ser su ayudante, reconozco que los primeros días pensé que ella estaba allí no por su valía como abogada, sino por ser hija de quién era, ella tenía un puesto de trabajo y el despacho un apellido ilustre, además de un aliado en los juzgados.

Con el tiempo descubrí que era buena, realmente buena y que sin duda estaba allí por méritos propios, además disfrutaba de su trabajo, cosa que yo no hacía y nunca he hecho.
Poco a poco aquella relación de despacho comenzó a salir a la calle, un día un café, otro día un aperitivo, hasta que aquellas citas nos llevaron a compartir casa a los pocos meses de conocernos.
Recuerdo la primera noche de Luisa en casa, me habían hecho fijo en el despacho y salimos a cenar para celebrarlo, después nos fuimos a mi casa a tomar una copa y charlar con tranquilidad.
Terminamos haciendo el amor sobre la alfombra que unos días antes me había regalado Silvia para mí nueva casa, una casa que mi padre había comprado para mí con el firme propósito de devolverle el importe total de lo que había costado.

Mientras acariciaba y besaba a Luisa, solo pensaba en Silvia, siempre la tenía en mente, la quería tanto que no podía olvidarme de ella ni cuando hacía el amor con otra mujer.

Las noches de sexo sin Silvia, eran distintas, apenas me gustaban me entregaba al sexo más salvaje y desgarrador, mientras que con ella todo era mucho más tranquilo, disfrutaba de cada caricia, de cada beso, de cada movimiento, siempre me ha gustado sentir cómo se movía lentamente sobre mi, mientras gime de placer, Silvia es el deseo, es el extasis, Silvia es todo.
Tras aquella primera noche, Luisa comenzó a venir a menudo a cenar y con alguna excusa se quedaba a dormir, poco a poco fue ocupando parte de mi armario y de mi vida.

Un año después con la bendición de su padre y la excitación y la alegría del mío nos casábamos.
Ella más enamorada de mí que nunca, aún sabiendo que yo no lo estaba tanto.

Nunca la quise lo suficiente y se merecía todo el amor del mundo y más, como abogada era la mejor y como mujer y esposa excepcional, pero yo no la merecía y mucho menos ella a mí.

Mientras ella me quería, yo la engañaba con Silvia una y otra vez y lo malo no era engañarla en aquellas noches de sexo y pasión, era engañarla a diario cuando pensaba en Silvia cada vez que le devolvía los te quiero con un "y yo también."
Nunca le he dicho que la quiero, le he mentido desde el primer momento, tenía que haberle dicho que yo no la quería, que estaba enamorado de otra persona y que nunca he sido quien ella creía que era.
Tenía que haberle pedido a Silvia que fuera mi novia por segunda vez, que fuera la mujer de mi vida, pero me conformé con aquel primer no, sin más, tal vez todo hubiera sido distinto, tal vez no.

Una noche al salir del despacho me dirigí a casa de Silvia, sin previo aviso, generalmente la llamaba antes de ir y con alguna excusa para Luisa para llegar tarde a casa, me encontré que aún habiendo luz en casa Silvia no me abría la puerta, así que la llamé por teléfono.
"Fernando, esta noche no lo siento estoy ocupada, llámame mañana."

Me subí de nuevo al coche y conduje hasta la zona de copas de la ciudad, seguro que encontraba a alguien con quien tomar algo, aunque lo único que quería en aquellos momentos era ahogar mis penas en un par de gin tonics, con compañía o sin ella.
Llegue hasta el pub de unos amigos, me senté en la barra y pedí mi primera copa al tiempo que una chica pedía para ella y su grupo de amigas, sin demasiado éxito.
Se dirigió a mí con una sonrisa y guiñándome un ojo, ¿Perdona, te importa pedir mi copa y las de mis amigas?
Le respondí con un "claro que no", y le devolví la sonrisa y el guiño. Me sentí como el estudiante de hace años intentando ligar una noche después de haber terminado los parciales de la universidad.

Me tomé mi copa, mientras me fumaba un cigarrillo insistía en seguir llamando a Silvia, buscando una explicación, buscando una respuesta, todo ello sin éxito.
Mientras estaba inmerso en aquellos pensamientos apurando mi gin tonic alguien me dio por la espalda, me giré y me encontré con Nacho mi compañero de piso en los años universitarios, él si había cumplido su sueño, ser reportero de guerra.
Aunque habíamos seguido manteniendo el contacto unas veces por teléfono, otras por mail, no habíamos vuelto a vernos desde que se marchó de aquel piso para hacer las prácticas en un periódico local, desde entonces habían pasado muchos años y muchas cosas, demasiadas diría yo.
Nos tomamos una última copa y nos despedimos prometiendo vernos en unos días para comer y contarnos cómo nos iba la vida y me marché a casa.

Cuando llegué Luisa me esperaba despierta, siempre lo hacía, me recibió con una sonrisa y se abrazó a mí con la idea de hacer el amor, "esta noche no Luisa, tal vez mañana antes de ir a trabajar."
Prefiero el sexo con Luisa por las mañana, es más rápido, las prisas por no llegar tarde al despacho o al juzgado hacen que sea un sexo sin demasiada entrega, solo de placer puntual, prefiero el sexo lento con Silvia, con ella puedo estar toda la noche haciendo el amor, acariciandola, besándola, sintiéndola.

CONTINUARÁ....


jueves, 16 de noviembre de 2017

¿Quién soy! Segundo Capítulo, SILVIA.

SILVIA
Todos los primeros días en algo son difíciles, tal vez por el miedo que nos invade a lo desconocido o por el miedo a perder nuestra zona de confort.
Siempre he sido algo miedosa, una chica de pueblo, que hoy por primera vez sale a la ciudad para estudiar una carrera y cumplir un sueño, ser abogada.
Estoy tan asustada que me tiembla todo el cuerpo, me sudan las manos, por lo que he mojado el puñado de folios en blanco que llevaba preparados por si tenía que tomar apuntes en este primer día de universidad, pero a la vez estoy tan emocionada que no quiero perderme ni un solo detalle de todo lo que voy a vivir a partir de ahora.
Ayer llegué a mi nuevo lugar de residencia, una ciudad pequeña, pero lo suficientemente grande para alguien que no ha salido nunca de un pueblecito en medio de la sierra, que en invierno se queda aislado por la nieve.

Mis padres me ayudaron a buscar un lugar donde vivir estos años de universidad, un colegio mayor, el simple hecho de tener que compartir habitación con alguien desconocido me asusta, pero soy adulta y tengo que empezar a superar miedos.

Superado los primeros días, comienzo ha hacer mis primeras amistades, sé que estás serán importantes en estos años universitarios y tal vez el resto de mi vida.
Ya no tengo tanto miedo y no me siento tan sola, en especial cuando estoy con Fernando un complejo de facultad que se ha prestado desde el primer día a ser mi guía por la cuidad y a ayudarme en todo lo que necesite, me siento protegida y menos vulnerable cuando estoy con él.
Una complicidad que nos lleva a miradas un tanto extrañas y sentimientos desconocidos, al menos para mí, nunca había sentido cosquillas en el estómago y ni había pensado tanto en mi aspecto cuando quedamos para salir o para estudiar.
No quiero que me distraiga de mis estudios, quiero terminar mi carrera y cumplir el sueño que me persigue desde que soy una niña, ser abogada.
Mi padre siempre me dijo que los sueños se cumplen, pero hay que trabajarlos.
Fernando quiere ser abogado, bueno sus padres quieren que sea abogado, para seguir la tradición familiar, Fernando en realidad quiere ser aventurero, vivir libre y ser feliz, pero será abogado para no defraudar, ni decepcionar a su familia, otro que tiene miedo, pero tampoco lo dice.
Somos dos miedosos en medio de un mundo lleno de valientes, que en realidad son cobardes anónimos, siempre he pensado que todos los somos y qué es el miedo quien realmente, un día u otro nos llena de valentía.

Mi primera experiencia sexual fue con él, con Fernando, fue una noche preparando los exámenes finales del último curso en la universidad, años más tarde supe que también fue la suya.
Los últimos meses de ese curso los pase en su casa, apenas iba al colegio mayor, tenía todos mis apuntes y casi toda mi ropa en aquella casa, que Fernando compartía con Nacho, un amigo estudiante de periodismo, pero se había marchado para hacer las prácticas en un periódico local, así que poco a poco fue invadiendo aquel espacio que él había dejado vacío.
Con la excusa de no perder demasiado tiempo en ir y volver, pero en el fondo tenía una necesidad imperiosa por compartir mi vida con Fernando, no me conformaba solo con unas horas de estudio, quería más y él en silencio también, pero teníamos tanto miedo a perder lo que teníamos que lo habíamos frenado.

Pero aquella noche el cansancio por las horas de estudio acumuladas,nos podían así que me tumbé en aquel sofá algo descuidado y me puse cómoda para descansar un rato, recuerdo que ya era finales de junio y hacia algo de calor, por lo que me quité el pantalón que llevaba para quedarme con una camiseta y una bragas que seguro había comprado en algún mercadillo, me recogí el pelo en un moño y cerré los ojos.

Al poco rato note como algo comenzaba a rozar mis muslos, lejos de abrir los ojos y ver que era, deje que siguiera subiendo al darme cuenta que eran las manos de Fernando acercándose a mis partes más íntimas.

"No te muevas Silvia, solo dime si quieres que siga."

Asentí con la cabeza y me deje llevar sin saber muy bien qué hacer, sólo sabía que me gustaba todo lo que estaba sintiendo, seguía con los ojos cerrados, mientras Fernando me subía la camiseta y comenzaba a besarme en el cuello y mis pechos, respondí a sus besos abriendo mi boca para que me besara en ella, no tuve que esperar demasiado para que lo hiciera, mientras con sus manos acariciaba mis pechos duros. Quise hacer lo mismo con los suyos, pero me pidió que no lo hiciera. Seguí dejándome llevar por su voz, sus caricias y sus besos.

Me quitó la camiseta, deshizo mi moño y bajó aquellas braguitas baratas hasta los tobillos, mientras recorría con su boca y su lengua cada centímetro de mi cuerpo y este respondía con escalofríos de placer.

Poco a poco se fue acercando a mi sexo, me tocaba los muslos, me abría las piernas y los rozaba con sus manos, para hacerme sentir un placer hasta entonces desconocido para mí, mi instinto me hacía abrir las piernas más aún y mi cuerpo le pedía que no parara de hacerlo.
Llegó hasta mi clitorix con su lengua lo lamia una y otra vez, más rápido, más lento y yo solo quería gritar de placer, pero gritar.

"No abras los ojos Silvia, solo dime que te gusta, que quieres que siga."

Le cogí del pelo mientras seguía dándome placer y de repente sentí como nuestros cuerpos se unían, Fernando estaba dentro de mi, se movía y me hacía moverme siguiendo su ritmo, mientras deseaba que aquello no acabará nunca.
Fernando gemia y yo gemia, hasta que los dos quedamos exhaustos después de habernos entregado el uno al otro.
Nos quedamos dormidos en aquel sofá desnudos, abrazados el uno al otro y sin apenas decirnos nada.
Me desperté sin saber que a partir de entonces estaría unida a Fernando para siempre, una relación de amor y odio que nos uniría de por vida.
Después de aquella primera noche se repetirían muchas más, nos compenetrábamos a la perfección y juntos éramos realmente buenos.

Aquel curso terminó y nuestras vidas de estudiantes se separaron, pero no nuestra vida sexual, Fernando además quería algo más, pero yo no estaba dispuesta a entregarle mi vida ni sacrificar mi sueños.

A día de hoy y veinte años después de aquella primera noche, seguimos manteniendo nuestros encuentros, sin compromisos, sin dramas, sin pedirnos nada a cambio y sin decirnos un solo te quiero en todo este tiempo.
Hoy detrás de esta cristalera, viendo cómo se debate entre la vida y la muerte, siento una necesidad imperiosa por decirle que le quiero, que siempre le he querido y que no quiero perderle.
Quiero decirle que se divorcie de Luisa, si, que lo haga que en todos estos años es lo único que he deseado, compartir toda una vida a su lado, que es lo único que quiero desde que deje mis primeros vaqueros y mi primera camisa en aquel piso de estudiantes, con la excusa de no perder tiempo para estudiar.
Quiero decirlo que desde aquel día lo único que quería era verlo despertar y acariciarle el pelo hasta que se quedara dormido, pero que el miedo, ese que siempre me acompañaba entonces y me acompaña ahora me impedía decirle que le quería, aunque estaba enamorada de él desde el primer día de clase y que solo que tenía que haber insistido un poco más el día que me dijo que quería ser algo más que un compañero, pero no lo hizo.

"¿Por qué no lo hiciste Fernando, tú también tenías miedo?"

Tal vez no debí permitir que se casara con Luisa, haber interrumpido aquella boda, diciendo que yo sí tenía algo que objetar y que no podía celebrarse, sin embargo le empujé hasta sus brazos.

Recuerdo aquel día como si fuera hoy, mientras le daba el sí quiero a ella, a quien había elegido como compañera de vida, no dejó de buscarme con la mirada, quizás esperando que le dijera "no lo hagas, huye Fernando, huye conmigo."
Pero seguí siendo la cobarde que había sido siempre, esquivé sus ojos ojos una y otra vez para no encontrarme con ellos y con una verdad que solo nosotros conocíamos. Le dio el sí quiero a ella, a quien le ofrecía un amor sin demasiadas preguntas y ninguna respuesta.
Se entregó a ella en cuerpo, mientras a mí me entregaba el corazón y el alma en cada mirada, en cada roce a escondidas y en aquellas llamadas a media noche pidiéndome dormir a mi lado.

¿Era aquello amor? Le pregunté la noche antes de casarse, después de hacer el amor.
No, aquello era un intercambio de intereses, de comodidades, de compañía, es el resultado de decisiones precipitadas.
Amor eres tú, somos nosotros cuando estamos juntos, amor es pensarte, desearte y sentirte cerca, aún cuando estas lejos. Amor es sufrirte, es echarte de menos y añorarte. Amor es esperarte cada día, cada noche y el resto de mi vida.

Nuestras miradas se cruzaron después de prometerle amor eterno a Luisa, aún sabiendo que no lo cumpliría, fue en aquel encuentro donde le prometí en silencio que le querría siempre. Aquel día le hice saber, que el amor para mi, era él.

Mientras le miro tras esa cristalera, tan débil, tan indefenso, le hago llegar todos esos te quiero que durante años me he estado callando, con el deseo de que de un modo u otro le lleguen, "te quiero Fernando, siempre te he querido, no puedes dejarme sola, no lo hagas, te necesito a mi lado, dime que me quieres, que tú también lo haces."

CONTINUARÁ...


miércoles, 15 de noviembre de 2017

¿Quién soy...!

Soy el resultado de mis miedos, emociones, de mis errores y decisiones equivocadas.
Soy quien nunca quise ser, el resultado de mis fracasos, pero sobre todo de aquellos sueños que nunca se llegaron a cumplir.
Cuando era un niño siempre me preguntaban que quería ser de mayor, nunca lo supe, quizás en mi interior pensaba como John Lennon, "yo de mayor quiero ser feliz". Nunca lo he conseguido, siempre hubo y hay algo que me impide hacerlo.
Siempre fui un niño atormentado por complejos y miedos infundados, unos kilos de más y unas gafas que me hacían ser algo retraído, complejos que lejos de mitigar en casa, me los recordaban continuamente, sobre todo mi madre, una mujer autoritaria a la vez que sutil, de un modo u otro siempre tenía la palabra correcta para resaltar mis defectos y complejos, para recordarme que no era como los demás, nunca lo fui, nunca quise serlo.
Siempre estuve a la sombra de una hermana, menor que yo, pero que representaba y sigue representando a la hija ideal, un tanto tímida en su infancia que escondía un carácter fuerte que fue desarrollando con el tiempo.

Reconozco que siempre he sido algo desastre, que nunca supe ni sé exteriorizar sentimientos, tal vez nunca me enseñaron ha hacerlo, tal vez por miedo, tal vez por vergüenza, pero sobre todo por un sentido del ridícula que me sigue acompañando a mis cincuenta años de edad, me siento inseguro y eso me hace vulnerable.
Tal vez por eso me he perdido grandes momentos, incluso,he llegado a perder grandes oportunidades de amar, una inseguridad que al final me llevaron a volverme demasiado conformista.
Nunca quise ser un mediocre, pero con el tiempo me he convertido en eso, en alguien que puede pasar desapercibido y que seguramente nadie echaría de menos si algún desapareciera, me he convertido en todo aquello que nunca quise ser.
Los miedos o tal vez el qué dirán siempre me han condicionado y ha quedarme en un segundo plano, un lugar discreto, por si me equivoco que no se note demasiado.
Me asusta el protagonismo, me asusta todo aquello que es o pueda ser nuevo, todo aquello que no puedo controlar, los cambios cambios bruscos o más bien los cambios en general, prefiero las rutinas, todo lo que pueda tener al alcance de mi mano, lo demás me produce una ansiedad incontrolada que me lleva a estados de melancolía y de pánico insospechados.

Con el tiempo lejos de superar miedos, he ido adquiriendo algunos nuevos, que me llevan a imaginar situaciones que tal vez nunca sucedan, pero el hecho de vivirlas en mi cabeza me dan tanto pavor que me llevan a llantos difíciles de controlar, es ahí cuando toco fondo.

Hace tiempo que no sonrío, no me sale y apenas hablo con nadie, no porque no tenga nada que decir, sino por qué no creo que haya nadie para escucharme, no creo que todo aquello que pasa por mi mente sea de un interés tan especial como para que alguien se pare a escucharme.
No sé si hay alguien que quiera o pueda ayudarme, no he pedido ayuda, no sé cómo se hace, he estado tan ocupado salvando a otros y complaciendo sus necesidades que me olvidé de mi.

Yo que siempre he tendido manos, ahora no tengo ninguna a la que agarrarme.

Me mantengo en pie a duras penas, me tambaleo hacia un lado, hacia otro como esos juguetes infantiles, pero no encuentro la dirección correcta, solo no puedo hacerlo.

Hoy no he tenido miedo, mientras veía como ese camión venía hacia mi, sin poder hacer nada por esquivarlo, no he cerrado los ojos, hoy me he enfrentando a la realidad, he visto como mi vida terminaba en el preciso momento que ese gigante me deslumbraba con sus luces.


"No te duermas, no cierres los ojos, ¿puedes oírme?, ¿cómo te llamas?. Háblame, te vamos a sacar de aquí te lo prometo, pero no te duermas, aguanta unos minutos más y te sacaremos de aquí."
Escucho esa voz una y otra vez, pero no me salen las palabras, no tengo fuerzas para responder, quiero decirle que me llamo Fernando y que tengo frío, mientras en mi cabeza resuenan sirenas y ruido, mucho ruido, no sé qué ha pasado, ni dónde estoy.
Obedezco y hago todo lo posible por no cerrar los ojos, lo conseguiré, si ellos me lo piden lo haré, estoy acostumbrado a obedecer. Hay más voces que no lo logro entender entre tanto ruido, pero la que retumba en mi cabeza es la de alguien pidiendo que no me duerma.

"Lo estás haciendo muy bien, sigue así, ya queda poco, en cuanto hagamos un par de cortes más te sacaremos y te llevaremos al hospital."

Escucho motores, mientras sigo con los ojos en blanco, pero,abiertos, no veo nada, solo luces intermitentes, creo que me voy a desmayar, no aguanto más, de repente he sentido que mis piernas se liberaban, ya no pesaban tanto, me han cogido a la voz de "tres" y me han tumbado en algún sitio, tal vez el suelo, tal vez una camilla, no lo sé, pero es algo duro que me da sensación de alivio, me siento un poco más cómodo y menos asustado, pero sigo teniendo frío, mucho frío.

"Deprisa, debemos parar esa hemorragia o se nos va, no hemos llegado,hasta aquí para perderlo, lo estabilizamos y lo subimos a la ambulancia."

 Ojalá me digan que puedo cerrar los ojos, estoy cansado, ellos corren, tiene prisa, pero no sé por qué, mientras tanto yo pienso en ella, en Luisa, esta mañana le he pedido el divorcio mientras desayunábamos, ya no la quiero, nunca la he querido.
Supongo que alguien la llamará para contarle lo sucedido, no creo que acuda en mi ayuda, estaba tan dolida, no irá a donde quiera que me lleven, me abandonara a mi suerte, al fin y al cabo yo siempre la abandoné a la suya, tal vez si muero ni si quiera acuda a darme el último adiós.

Hemos debido llegar al hospital, la ambulancia se ha ha parado y ya no suenan las sirenas.
Escucho de nuevo la voz que me hablaba antes de subir de ella, " muy bien, los has hecho muy bien, ya hemos llegado, te dije que te sacaríamos de allí y te pondríamos a salvo, lo hemos conseguido, eres fuerte, saldrás de esta. Hemos llegado al hospital."

Es lo último que he escuchado antes de dormir, me han dejado hacerlo tras sentir un leve pinchazo en mi brazo, no he podido aguantar mis ganas de cerrar los ojos, esta vez nadie me ha dicho lo contrario, así que me he entregado a los suaves brazos de Morfeo.

Ya saben cómo me llamo, una voz tranquilizadora me ha deseado dulces sueños, tras decir mi nombre.
Mis ojos están cerrados, creo que duermo, pero mi cabeza sigue despierta, piensa, es como si mi cerebro funcionara al margen del resto del cuerpo, ya no tengo frío y me siento bien, estoy tranquilo y sigo pensando.
Alguien entra en la,habitación, me toma la temperatura y el pulso y se asegura que estoy estable, quiero decirle que estoy bien pero una vez más no encuentro las fuerzas suficientes para poder hablar.

"Está estable y tranquilo, consiguieron estabilizarlo,antes de traerlo al hospital, temieron por su vida, pero creo que saldrá adelante, es fuerte y valiente, le hemos inducido al coma, las próximas cuarenta y ocho horas son cruciales, pasado ese tiempo le despertaremos y comprobaremos que el daño cerebral no ha tenido mayores consecuencias, te mantendremos informada, las piernas hemos conseguido salvarlas, por momentos temimos que tal vez tuviéramos que amputarlas.
Te hemos llamado porque no dejó de balbucear tu nombre antes de dormirse y eras su última llamada en el teléfono móvil, aún no sé cómo tenía fuerzas para llamarte, ha perdido mucha sangre.
Ni siquiera sé quién eres Silvia, pero puedo asegurarte que debes ser alguien muy importante para él."

Silvia, Silvia, Silvia..., ella es Silvia, mi mejor amiga, mi confidente, hablaba con ella por teléfono cuando esas luces y aquel ruido ensordecedor venían de frente a mi coche.
Iba hacia su casa para contarle todo lo sucedido con Luisa por la mañana y mi intención de comenzar una nueva vida, la que siempre quise tener, la que siempre he tenido escondida."


lunes, 13 de noviembre de 2017

Por si acaso

He encontrado un par de te quiero olvidados.

No sé si son tuyos o míos, no sé si te los dejaste en casa la ultima vez que estuviste aquí, o quizás sean míos y se escaparon del cajón de los “por si acaso”.


Ese cajón que tengo lleno de besos, abrazos, caricias, de te amo y te quiero.

Ese cajón que tengo reservado por si acaso vuelves, por si acaso no me has olvidado, por si acaso me sigues queriendo, por si acaso todo.




domingo, 12 de noviembre de 2017

No me gusta...

He probado a vivir sin ti, pero no me gusta, la vida se me atraganta y en ocasiones se me hace bola.


Las noches se vuelven infinitas y los días se hacen eternos.

Los abrazos ya no huelen a ti y los besos, si no son tuyos ya no los quiero.


He probado a vivir sin ti, pero no me gusta, no se me da bien.

Así que vuelve y quédate o ven y llévame.